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La importancia de las cicatrices

La importancia de las cicatrices

Las cicatrices generan además de consecuencias estéticas otras a nivel interno y no por ello menos importantes. Una cicatriz consiste en una regeneración de una herida en el tejido epitelial, mediante tejido conectivo. En este caso, el crecimiento se efectúa por fibroblastos (células que conforman el tejido conectivo y que tienen capacidad de contraerse: miofibroblastos), colágeno y fibrina. De ahí, de esa conformación de la cicatriz por este tipo de células, puede resultar la contracción de ésta.

Las cicatrices como tales son evidentes, podemos localizarlas; lo que no tenemos en cuenta son algunas de otra índole, como los tatuajes, piercings, pendientes, traumatismos… En estos fenómenos también se dan posteriormente procesos de regeneración tisular, que como el resto de cicatrices pueden producir restricciones de movilidad de tejidos.

Hemos escuchado a personas comentar que cicatrizan mal, que tienen cicatrices queloides… Los procesos de cicatrización dependen de muchos factores, como por ejemplo la edad. Con frecuencia se dan más cicatrices anómalas en edades entre 10 y 30 años, con una incidencia mayor en pubertad y embarazo,

Diferenciamos cicatrices hipertróficas: elevadas, eritematosas y con componente genético, de las queloides: pueden serlo también, pero se extienden fuera de los límites de la zona de lesión.

Una cicatriz se forma en un periodo de 6-8 semanas, pero puede empeorar en un margen de alrededor de medio año después de la lesión sufrida. Durante el proceso de cicatrización se pueden producir complicaciones que favorezcan un crecimiento anómalo, como las infecciones, tensiones excesivas, retrasos en el cierre…etc.

Con respecto a otros traumatismos nombrados como tatuajes, piercings e incluso traumatismos mecánicos internos (lesiones como esguinces, subluxacones, luxaciones…) en los que se produce una afectación de tejidos a nivel interno, siendo el más interesante para analizar el tejido conectivo que forma la fascia, se dan de igual modo procesos de regeneración tisular a estos niveles, con sus posibles disfunciones.

La fascia, como ya nombramos en otro artículo, está compuesta por tejido conectivo, y como su nombre indica, hace de sostén, conecta distintas estructuras: desde vísceras, articulaciones, huesos, cráneo… es ininterrumpido desde el vértex de la cabeza hasta los pies. De allí que cualquier restricción causada en ella, en cualquier parte, pueda producir alteraciones a distancia. Como ejemplo sirva el símil para entender una disfunción en ella: llevamos una camisa introducida en nuestro pantalón en la parte delantera, eso nos produce una tensión excesiva en el cuello, pero el origen no radica en la zona cervical si no en nuestra cintura, donde se encuentra metida nuestra camisa. Este ejemplo sirve para ilustrar las afectaciones de este tejido, que también forma parte de las cicatrices.

De este modo, cualquier cicatriz puede producir una restricción fascial y generar una disfunción de este tejido dando sintomatología a distancia.

Cabe destacar al respecto de las consecuencias, que es más importante la prevención que el posterior tratamiento de cualquier cicatriz.

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